[COLUMNA] La inmigración al borde de estallar


Lo que se temía, el Estado chileno ya lo tiene entre sus manos: el agudo y descontrolado problema de la inmigración.

Por Raúl Pizarro Rivera.

No es, por cierto, una realidad que la enfrenta solamente Chile. En Europa, la situación ha llegado a ser caótica y, en acuerdo con la ONU, sus países han ido, al menos,  atenuando el problema social que originan los desplazamientos masivos.

Chile, en la actualidad es el país con mayor oleada de inmigrantes en Sudamérica, incluso por encima de Colombia, donde buscan refugio los millares de venezolanos que huyen de la dictadura de Maduro. Sin embargo, no ha sabido ni podido resolver el problema, al punto que una ley que actualiza el tema se envió al Congreso sin siquiera un acuerdo al interior del Ejecutivo y, menos, de la Nueva Mayoría.

La llegada descontrolada de extranjeros que buscan en Chile “la oportunidad” de sus vidas, pasó de castaño a oscuro con una manifestación callejera, organizada por una Coordinadora de Inmigrantes, de dudoso origen y que exigió del Gobierno, como si fuese una obligación de éste,  la entrega de cédulas de identidad especiales para poder, de algún modo, regularizar su permanencia en el país.

Esta Coordinadora, para mayor suspicacia, tiene la misma nominación de la CAM (Coordinadora Arauco Malleco), la célula insurreccional del PC en La Araucanía. No satisfecha con su primera convocatoria, llamó a una segunda marcha.

Cifras oficiales  —sólo oficiales– dan cuenta de que en Chile viven 140 mil indocumentados. Es el número, también, que maneja dicha Coordinadora.

En un registro independiente del MINEDUC se contabilizaron –el año pasado– 30 mil niños que carecen de documentación y que asisten a las escuelas públicas.

El desborde de la situación inmigratoria fue recientemente   reforzado por lo ocurrido con la aerolínea Law, que dejó varados en Santiago y en el exterior a centenares de pasajeros, pero continuó atendiendo su itinerario diario a Puerto Príncipe para trasladar desde allí a Chile 125 ‘turistas’ haitianos en cada vuelo.

Sólo en 2017, y con esa calidad de turistas, ingresaron al país 47 mil haitianos.

Chile, durante los Gobiernos socialistas de Bachelet, y específicamente en éste que está por expirar, no ofreció oportunidades de un mejor bienestar y condiciones de vida a sus compatriotas, y menos podía hacerlo con ciudadanos extranjeros.

¿Cuál es el real motivo de esta oleada de haitianos que llegan cómodamente en aviones comerciales? Hace tiempo que el argumento de “ayuda humanitaria” y de “respeto a los derechos humanos de quienes llegan”, se agotó. En los últimos meses ha habido 7 mil expulsiones de foráneos y el país pudo lucir la presencia y actuación de sicarios  –criminales pagados–  que nos parecían tan lejanos. Hay que sumar el incremento de los motochorros, una prostitución sin límites ni controles que ahora se ejerce en las playas a vista de niños, y ello con el consiguiente aumento de enfermedades de trasmisión sexual. Coinciden las oleadas de inmigrantes con el aumento galopante del VIH (SIDA) en la población.

“Chile es un país solidario y humanitario” dijo la Presidenta cuando anunció un convenio especial de ayuda a Haití, el país más pobre de Latinoamérica y entre los 10 más miserables del mundo. Pero los hechos demuestran que una política de ayuda para gente que se alimenta de galletas de tierra para subsistir, terminó transformándose en un abuso.

Sin controles ni fiscalizaciones, fue este Gobierno el que permitió que las calles estén colmadas de extranjeros indocumentados que hacen ‘cualquier cosa’ para ganarse la vida, porque jamás existieron, ni existen, para ellos las plazas de ocupación.

Gracias a su egocentrismo, el chileno desecha el vasto campo de trabajo en servicios básicos, como   aseo, higiene y limpieza, cupos  a los cuales, por su extrema necesidad, los inmigrantes acceden sin miramientos.

Pero los espacios de trabajo en este sector no son ilimitados. ¿Qué pasa cuando se completan?

No puede desperdiciarse más tiempo en seguir recibiendo oleadas de inmigrantes sin hacer un inmediato análisis de las causas por las cuales ello continúa ocurriendo. Vienen de la pobreza para incrementar la pobreza en Chile, los hacinamientos en viviendas se multiplican  y se agudizan sus requerimientos de atención de salud en servicios que ni siquiera son capaces de atender a los connacionales.

Para empeorar la situación, acaba de registrarse un alto número de inmigrantes que están en situación de calle. Duermen y viven en la vía pública.

No se trata de refugiados de guerra ni de perseguidos políticos, como el caso excepcional de un grupo de jueces venezolanos. Son personas pobres que aspiran a superar esa condición en Chile, lo que la realidad hoy en el país no se los permite.

Entonces ¿por qué, en el caso de los haitianos, siguen arribando en vuelos especiales para ellos? ¿Quiénes están detrás de ese tráfico? ¿Cuál es la auténtica causa que los trae masivamente? Resulta contraproducente que ciudadanos de una pobreza indescriptible lleguen al país  pagando su pasaje en  comerciales.

No se ha logrado descubrir, de momento, señales de que estas oleadas tengan algún transfondo político. Pero no hay que descartar esa razón y ninguna otra, porque si es por trabajo y un mejor bienestar, los inmigrantes saben antemano que acá no lo encontrarán.

En este sentido, llamó la atención que un grupo de inmigrantes radicados en el norte se haya manifestado públicamente a favor de “mar para Bolivia” no siendo bolivianos. Igualmente, no pasó inadvertido el cartel colocado en una calle de Talca, en el cual se instaba a los inmigrantes a que se acercasen a la sede de las Juventudes Comunistas “donde encontrarán  ayuda”.

Así como continúa el desarrollo de este fenómeno inmigratorio, es cuestión de tiempo, y de muy poco, para que en estEe ámbito surja un estadillo social de dimensiones impensadas, otra ‘herencia’ que el socialismo le deja al Gobierno de la centroderecha.