[COLUMNA] Un fantasma recorre Latinoamérica


Un fantasma recorre Latinoamérica

Por Gian De Biase, politólogo.

En los años noventa, la geopolítica latinoamericana empezó a cambiar, dando paso a crisis institucionales, políticas y económicas que redefinirían los nuevos gobiernos del siglo XXI.

Algunos países latinoamericanos optaron por el camino del populismo, sus partidos corruptos e instituciones vacías fueron un criadero de políticos tramposos que, con grandes retóricas de barrer la vieja política, terminaron configurando gobiernos autoritarios, más corruptos, sin libertades civiles y con desprecio al mercado. Otros países, optaron por la vía de castigar aquellos políticos corruptos, retomar la confianza en las instituciones, fortalecer la República y confiar en el mercado como vía indiscutible del progreso.

Es así como en la actualidad, los países más importantes de la América del Sur, cuentan con gobiernos de centroderecha: Chile, Argentina, Perú, México y Brasil. Pero, por otro lado, también se lograron consolidar regímenes autoritarios de izquierda: a la cabeza, Cuba con más de 50 años de totalitarismo, le siguen Nicaragua, Bolivia, El Salvador, Ecuador y por último, y el más importante de todos, Venezuela.

Venezuela se ha convertido en la joya de la corona del socialismo del siglo XXI, ha sido el principal motor de financiamiento de los partidos que incorporan el Foro de Sao Paulo, incluso sus redes han llegado hasta a España donde los tribunales españoles han demostrado que ha financiado a Pablo Iglesias, líder del partido Podemos. A esto hay que sumarle los vínculos que el régimen socialista ha creado con la FARC y el ELN en Colombia, permitiendo que establezcan en su territorio fronterizo, como en los estados Zulia y Barinas. También, ha creado lazos con la organización terrorista ETA escondiendo a estos prófugos de la justicia española en Venezuela. Al mismo tiempo, es indiscutible la ¨amistad¨ creada con Cuba, que incluso los cuarteles venezolanos se encuentran plagados de funcionarios, militares y espías cubanos, siendo esta isla el gran asesor de los dictadores Chávez y Maduro.

Cabe destacar, que se ha conformado un cartel de droga, que debe ser el más grande e importante del mundo, el llamado Cartel de los Soles donde según Estados Unidos, forman parte el vicepresidente actual, Tarek El Aissami e incluso quien fuera el presidente del parlamento, Diosdado Cabello. Este cartel de droga, según Full Circle, artículo publicado en el 2010 por The Economist es el gran puerto de distribución de drogas del mundo, creando la categoría de narco militares, ya que la Fuerza Armadas Nacional Bolivariana participa activamente en este cartel de drogas, que representa más del 60% de la droga que ingresa a Europa, solo por poner un ejemplo.

Por si fuera poco, el vicepresidente Tarek El Aissami, el cual tiene orden de captura por el gobierno de Estados Unidos, tiene vínculos comprobados con países autoritarios islámicos como Irán y Siria, más específicamente con Hezbollah y el partido Baath, naciones donde actualmente se vive una de las violaciones de Derechos Humanos más grandes del mundo, solo superada por Venezuela.

Un fantasma recorre Latinoamérica, es el fantasma del autoritarismo populista, que se disfraza de izquierda o derecha, para atornillarse en el poder e impedir el desarrollo de su pueblo. El régimen venezolano representa una amenaza para los países de la América del Sur, debido a su ubicación geopolítica y su influencia. No se puede permitir y permanecer indiferente, sabiendo que cada vez que un país latinoamericano entra en crisis política, económica y/o social, es un efecto dominó que afecta a todos los países vecinos.

Este es el momento indiscutible para fijar una posición al unísono respecto al futuro generacional que los países hermanados de Latinoamérica se quieren trazar para convertirse en un gran continente, con libertades civiles y progreso económicos, con cultura de integración y respeto a la diversidad. Es el momento de demostrar que Latinoamérica puede ser una gran potencia y no necesita la mano extranjera para solucionar sus propios problemas.